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Boletín No. 12 Derechos De Los Animales

 

Desde la Antigüedad, diversos pensadores como Pitágoras, Plutarco o Porfirio reflexionaron sobre la relación entre seres humanos con los animales, criticando tratos crueles. Plutarco llegó a cuestionar el hecho de matar y alimentarse de la carne de los animales.

En la Edad Media las enseñanzas de San Francisco de Asís, en virtud de la piedad cristiana, llamaba a no maltratar innecesariamente a los animales.

En los siglos XVIII y XIX numerosos autores publicaron sus inquietudes filosóficas acerca de la preocupación moral por los animales, destacándose Disertación sobre el deber de la misericordia y el pecado de crueldad hacia los animales brutos (1776) de Humphrey y Primatt, o las Introducción a los Principios de la moral y la legislación

(1780) de Jeremy Bentham, quien dedica un capítulo completo a la cuestión de los animales como sujetos de derecho. En 1892 el inglés Henry animales: “Derechos de los animales: considerados en relación con el progreso social”, donde criticaba la matanza de animales para ser convertidos en alimento, y a las prácticas como la experimentación, la caza y la peletería.

La primera obra que utiliza el término “especismo” fue un panfleto homónimo escrito por el psicólogo inglés Richard Ryder, en 1970. Aunque no define qué es el especis-mo, indica que es una discriminación que establece una aguda diferencia entre la moral aplicada a los humanos y los animales.

Peter Singer quien definió por primera vez el especismo en su obra Liberación Animal (1975) como “un prejuicio o actitud parcial favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras”. En esta obra, Singer hace una defensa de la capacidad de sentir dolor que compartimos con los animales, como única fuente de igualdad moral con ellos, dado que todos los animales sufrimos, el sufrimiento de los animales no humanos ha de importarnos moralmente porque intentan evitar las situaciones dañosas o lesivas de sus intereses. Es la primera vez que se expone los graves impactos de las granjas industriales.

En 1983, el filósofo norteamericano Tom Regan publicó su obra El caso de los derechos de los animales, desde el deontologismo, defiende los derechos de los animales basándose en su capacidad de sentir y en la condición de todos los seres sintientes de constituirse como “sujetos de una vida”, capaces de manifestar autoconciencia y una vida psíquica que enriquece su experiencia personal e indi-vidual. Los animales, dice Regan, son capaces de evitar el dolor y de buscar estados de bienestar y placer de manera individuales o colectivos, lo que sería una característica, de al menos, de todos los mamíferos mayores al año de edad, y denuncia la doble moral de una sociedad que mima y protege a algunos animales mientras masacra y vulnera despiadadamente los intereses de otros.

Tom Regan sostiene que todos portamos un valor inherente, más allá del límite humano e independientemente de la utilidad para otros sujetos. Los seres naturales son valiosos solo por el hecho de ser o existentes. El simple hecho de ser, es un valor intrínseco, el valor de ser en lugar de no ser, y el hecho de ser un organismo vivo es otro valor intrínseco importante.

En 1995 el jurista norteamericano Gary Francione hace una critica al especismo en su libro Animales, propiedad y la ley, y sostiene que la única manera de terminar con esta discriminación y sus prácticas institucionalizadas es aboliendo el estatus de propiedad de los animales no humanos.; y que las medidas de bienestarismo legal, que usa término como “sufrimiento innecesario” y “tratamiento humanitario” de los animales perpetúan el especismo.

Singer y Regan y Francione consideran que la decisión de dejar de comer, de vestir o de usar animales con cualquier fin humano, es un primer paso. Sin embargo, Francione a diferencia de los otros dos intelectuales, afirma la importancia de que este acto decisivo y contundente tenga una base ética; que no se quede en mera retórica sino que pueda ser consistente en su fundamento filosófico para reconocer la importancia de la abolición y no solo luchar por la regulación.

No se puede ser solo vegetariano y seguir participando en otros tipos de explotación animal. Para Francione, considera que se es o no ético en el principio básico de respetar la vida de los animales, para que debemos dejar de asumirlos como propiedades y comprender sencillamente que la vida de los animales no nos pertenece.

Más tarde, la filósofa norteamericana Evelyn Pluhar con su obra de 1995, Más allá del prejuicio: el significado moral de los animales humanos y no humanos, desmonta críticamente los argumentos especistas clásicos (como la personalidad de los individuos, de la que adolecen los animales no humanos) justificando racionalmente que el respeto moral se le debe a cualquier ser, humano o no humano, que sea capaz de cuidarse y preocuparse por lo que acontezca consigo mismo.

Joan Dunayer en 2004, redefine el término especismo como “una falla, en la actitud o en la práctica, al no conceder a cualquier ser no humano igual consideración y respeto” Ella critica a Singer y Regan y los considera especistas, y analiza la filosofía, las leyes y el activismo por los derechos animales desde una perspectiva no especista e igualitaria para todos los animales humanos y no humanos. La sociología también hace su aporte a la discusión por el estatus de los animales no humanos. Analiza la imbricación de la opresión de humanos y animales bajo el capitalismo, el sistema de vida de occidente, la sociología, la economía y el proceso de construcción social del especismo.

Robert Garner con su obre La teoría política de los derechos de los animales, de 2005, analiza las relaciones entre el estatus moral de los animales y el pen-samiento político en general. El analiza la cuestión de los animales desde temas como la justicia, la libertad, la igualdad o los derechos en diferentes vertientes de la filosofía política (el liberalismo, conservadurismo, comunismo, socialismo, la ecología política y el feminismo), refiriéndose también al especismo como “ortodoxia moral”. Una de sus conclusiones más intere-santes es que tanto la promoción de los intereses de los animales como de la naturaleza son factibles de pensar desde una teoría política, pero se necesita un cambio en la concepción de que ésta sea solamente una cuestión humana; lo que alude directamente al cómo, cuándo y por quiénes serán representados los intereses de los animales.

Conclusiones

Los «derechos animales» hace referencia a un movimiento social generado alrededor de 1970 por activistas que exigen abolir la explotación institucionalizada de los animales por medio del boicot.

Un sector lucha por la abolición de todo tipo de explotación animal, así como por el reconocimiento de algunos derechos básicos, como el derecho a la libertad, a la vida, al respeto.

Otros sectores solo desean regulaciones con el fin de penalizar o multar ciertas actitudes de maltrato hacia los animales y, de este modo, extender la conciencia moral de la sociedad.

Otros filósofos han propuesto acercamientos éticos, morales y jurídicos, con el objeto de sentar las bases teóricas de lo que implica la explotación animal. Con ello pretenden lograr que los animales dejen de ser asumidos como cosas, materias primas o simples medios para nuestros fines, teniendo en cuenta que son seres sintientes que merecen vivir, y cuyos intereses deben considerarse bajo principios éticos.

En su afán por hacer que la población «tome conciencia», estos movimientos han promivido evita el consumo de productos de origen animal o en cuyo proceso de fabricación se haya afectado la vida de los animales en términos de explotación institucionalizada.

El veganismo intenta ser una ética cuya base moral debe ser inequívoca, en la cual se reconoce que los animales tienen un valor inherente, no son propiedades y, por tanto, se les debe dar una consideración igual conforme a sus intereses como individuos. Así pues, esta tendencia surge como una posibilidad de «vivir sin explotar» a los animales; para ello han sido creadas alternativas con el fin de facilitarse la vida y hacer que más personas adopten este modo de vivir.

Algunos consideran que el veganismo, como movimiento de oposición al especismo, es en sí mismo especista porque prefiere la especie animal en sus prácticas morales y solo si algunos sistemas de sobreproducción afectan su vida. La atención del veganismo se centra en el uso de animales para comida, vestido y entretenimiento, pero estas no son las únicas formas en las que afectamos la vida de los seres vivientes. Además, el veganismo pasa por alto otras especies que co-habitan el planeta y que son explotadas por nuestros intereses particulares.

No sirve al proceso de la liberación animal un vegano consumista, que abogue por el capitalismo; pues esto genera una distorsión del término ecología, en el que simplemente se asume un capitalismo verde y no una integración solidaria en que todo emerge como una única entidad.

Desde América Latina Leonardo Boff propone alcanzar una comprensión holística, porque la ecología en sentido estricto es el «saber» de las relaciones, interconexiones, interdependencias e intercambios de todo con todo, en todas las circunstancias.

Parada Rincón (2017), sobre los derechos de los animales plantea que los desafíos de la liberación animal, se hallan en un modo ecológico, económico, político, social, ético y espiritual, y que nna visión holística del problema de la opresión animal requiere soluciones inclusivas y no excluyentes, de manera que la justicia sea universal y no limitada.

La discusión sobre la era ecológica se basa en los siguientes factores: el primero indica una ecología ambiental preocupada exclusivamente por el medio ambiente, con el fin que no siga sufriendo un excesivo deterioro, mejorar la calidad de vida y preservar las especies en peligro de extinción. Aquí la naturaleza se comprende por fuera del ser humano y de la sociedad, además se buscan tecnologías para solucionar los problemas de contaminación y explotación desmedida que afectan el ambiente y los ecosistemas.

El segundo factor, se refiere a una ecología social que incluye al ser humano y ubica la sociedad como parte de la naturaleza. Esta ecología se preocupa tanto por los procesos de saneamiento como por los problemas de injusticia social; lucha por un desarrollo sostenido que atiende a carencias básicas sin sacrificar el capital natural de la Tierra. Considera también las necesidades e intereses de las próximas generaciones, las cuales tienen el derecho a heredar una Tierra habitable con relaciones justas.

En tercer lugar, se encuentra la ecología mental, llamada también por Boff ecología profunda. Esta advierte que las causas de la crisis de la Tierra no solo están en el sistema vigente, sino en nuestros modos de mentalidad segregadora que vienen de épocas anteriores a la nuestra. Esta mentalidad obedece a instintos de violencia, deseos de dominación y ciertos arquetipos que nos distancian de la vida y la naturaleza. Según Boff, en la mente humana se inician los mecanismos generadores de una guerra en contra de la vida; esta mentalidad se manifiesta en nuestra actual cultura antropocéntrica, y que la crisis causada por nuestros modos de pensamiento exige ser superada a través de otro tipo de personas, capaces de transformar su pensamiento, capaces de sensibilizarse, cooperar y revitalizar su dimensión espiritual.

Esta ecología reconoce la alteridad de cada ser de la naturaleza; sabe que cada ser, animado o inanimado, posee un valor en sí mismo, con potencialidades y límites dentro de su respectivo ecosistema.

Fuentes:

Leyton, Fabiola (2010). Literatura básica en torno al especismo y los derechos animales. Revista de Bioética y Derecho, núm. 19, mayo, 2010, pp. 14-16

Brigitte Juliette Parada Rincón (2017). Ética, derechos animales y liberación. Trabajo de grado. Universidad Santo Tomás de Aquino. Facultad de Filosofía y Letras. Maestría en Filosofía Latinoamericana.

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